lunes, 10 de marzo de 2008

Democracia vigilada


Me alegro de la victoria de Zapatero aunque no tengo excesiva confianza en que pueda abrirse una etapa de menos crispación y mayor profundidad en el debate político.
Nos guste o no, el discurso de la derecha basado en unas pocas ideas fuerza repetidas a coro hasta la extenuación por sus aliados mediáticos y organizaciones afines, ha conseguido convencer a más de diez millones de votantes.
Quiero creer que la mayoría de ellos no comparte esa parte del ideario pepero que se nutre de conspiraciones, discursos apocalípticos sobre la unidad de España o indemostrables acusaciones de rendición frente al terrorismo. La realidad virtual que han construido estos 4 años no resiste el más mínimo contraste con los hechos. Sin embargo, esos votantes moderados no han dudado en sumar sus votos a los de los más radicales y exaltados.
Eso no ocurre con los votantes de izquierda. El partido socialista cavaría sin duda su tumba si optase por la exageración, la simplificación y el reduccionismo, en definitiva, la propaganda pura y dura, para hacer política. Sus votantes, aún los más fieles, le darían la espalda.
Esto es una rémora del pasado convulso de este país, plagado de salvadores de la patria que no dudaban en levantarse en armas contra cualquier gobierno legítimo que osase desviarse de su idea de España, y gobernado durante siglos por el fiero paternalismo de los caciques.
La derecha tiene patente de corso para decir mil y una barbaridades. En esta legislatura han rebasado todos los límites imaginables poniendo en cuestión las instituciones que sustentan el estado de derecho y han conseguido, no obstante, aparecer frente a muchos ciudadanos como los garantes del futuro democrático de España. Son los vigías siempre alerta de las esencias patrias. La derecha sin complejos la llaman.
La izquierda no puede permitirse esas licencias. Sería expulsada del poder por su propios votantes.
Falta educación y madurez democrática y harán falta al menos otras tres generaciones para despejar definitivamente los fantasmas del pasado y extirpar del inconsciente colectivo el miedo a la libertad.


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