domingo, 11 de mayo de 2008

Lovelock, Delibes, el cambio climático y la energía nuclear



En los últimos tiempos proliferan los libros sobre los problemas medioambientales, que también aparecen cada vez con mayor frecuencia en los medios de comunicación. De entre todos estos desastres, la “estrella” es actualmente el cambio climático, y no por falta de razones.
Una de las figuras que recientemente ha realizado una nueva aportación, con su visión sobre este tema y el estado de La Tierra en general, es James Lovelock, eminente científico que además de haber realizado contribuciones muy relevantes en los campos de la química, la biología y la medicina, y de haber inventado instrumentos como el detector de captura de electrones -muy utilizado en la medición de componentes tóxicos y en la presencia de los gases CFC en la atmósfera-, es especialmente conocido por ser el creador de la teoría de Gaia. Según esta concepción la atmósfera, la superficie de la tierra, los mares, masas de agua en general, y el conjunto de los seres vivos se comportan como un sistema interactivo, que se autorregula para tender a un equilibrio en que las condiciones para la vida sean optimas. Lovelock, considerado como un líder ideológico de la conciencia medioambiental hizo ver a mucha gente que aunque La Tierra no es un ser vivo como tal sí “funciona” como si lo fuese y puede enfermar por las agresiones que le inflingimos. En última instancia puede rebelarse creando las condiciones que permiten eliminar un elemento nocivo: la humanidad.
Esta posibilidad de que el planeta termine siendo terriblemente hostil para nosotros llevó a Lovelock a titular su último libro, publicado en 2007, “La Venganza de La Tierra”, subtitulado “La Teoría de Gaia y el Futuro de la Humanidad”. Esta es sin duda una obra interesante, en la que el autor utiliza sus amplios conocimientos de la física y la química de los procesos naturales para explicar porque estamos abocando a nuestro mundo a un desastre del que la humanidad será una víctima más. Por desgracia, no solo ofrece argumentos científicos en su libro para fundamentar su teoría catastrofista, sino que un ingente número de pruebas empíricas y hechos contrastados en todo el mundo están confirmando este desastre, en el cual suelen cumplirse los peores vaticinios en las previsiones de futuro sobre cuestiones ambientales, como el aumento general de las temperaturas o el deshielo de los polos, entre otros.
Sin embargo, en como actuar ante esta situación me parece mucho menos sólido. La imperiosa necesidad de terminar con la dependencia de los combustibles fósiles le ha llevado a ser un defensor apasionado de la energía nuclear, de la que minimiza sus riesgos (las fugas y los accidentes) y sus inconvenientes (la generación de residuos) llegando a parecer frívolo. En el caso de optar por esta forma de energía -que él considera transitoria hasta que opciones como el hidrógeno y la fusión nuclear sean aprovechables a gran escala- apenas nos dice nada sobre como solucionar el problema del transporte (origen de aproximadamente la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero) excepto alguna disparatada propuesta sobre el uso de veleros para la navegación. Tampoco hay mención a los cambios que deberemos hacer en nuestras sociedades para adaptarnos a una vida con un menor consumo de recursos.
Es cierto que un creciente número de personas, entre las que me incluyo, que durante mucho tiempo hemos estado en contra de la energía nuclear, no tenemos ahora tan claro que sea una prioridad su desmantelamiento y no descartamos que quizás deba mantenerse por ahora, como una forma más de afrontar los graves problemas de suministro energético que se avecinan y la imprescindible disminución de la quema de combustibles fósiles. No es que la opción nuclear sea ahora deseable y carente de riesgos sino que las consecuencias del aumento de gases de efecto invernadero constituyen una catástrofe garantizada. No obstante, la manera en que Lovelock defiende la energía nuclear, llegando a minusvalorar el desastre de Chernóbil y despreciar las posibilidades de las fuentes energéticas renovables, así como su menosprecio por la agricultura ecológica y su defensa de los pesticidas, han conseguido que el prestigio de James Lovelock entre los sectores conservacionistas haya caído en picado.
Más ilustrativo sobre la amplitud de los problemas del medioambiente mundial y accesible para todo el mundo, logrando hacer compatible la amenidad con el rigor científico, es “La Tierra Herida”, subtitulado “¿Qué Mundo Heredarán Nuestros Hijos?” escrito por Miguel Delibes (novelista) y Miguel Delibes de Castro (biólogo especializado en zoología y divulgador sobre temas ambientales), y publicado en 2005. El libro consiste en un diálogo en el que el padre hace las preguntas y comentarios que haría un hombre de la calle con sensibilidad por estos temas, y el hijo responde como el especialista que es.
Las dos obras citadas son de gran interés para comprender los problemas que se pueden derivar del maltrato que le estamos dando a la naturaleza, pero resultan por desgracia menos claras a la hora de proponer posibles soluciones y alternativas al actual modelo de desarrollo. No son ajenas, por tanto a un problema que está bastante extendido en el movimiento ecologista. Somos más eficaces en la crítica o la denuncia que en la propuesta de soluciones y alternativas.

Long John

Para mayor información:

La Venganza de La Tierra. La Teoría de Gaia y el Futuro de la Humanidad (2007), de James Lovelock, ha sido editado por Planeta.

La Tierra Herida. ¿Qué Mundo Heredarán Nuestros Hijos? (2005), de Miguel Delibes y Miguel Delibes de Castro, ha sido editado por Destino.

Sobre James Lovelock:

http://www.jameslovelock.org/
www.ecolo.org/lovelock

domingo, 4 de mayo de 2008

Cat Power- Lived in bars